Coordinación de Núcleos Comunistas CNC

Tras dos años de pandemia, y cuando empieza a disiparse la niebla paralizadora del pánico al que los gobiernos de todo el mundo han sometido a sus pueblos, podemos empezar a despejar incógnitas claves para la clase trabajadora. Son cuestiones vitales para el proletariado, es decir, para quienes dependemos para vivir de la venta de nuestra fuerza de trabajo – física o intelectual – y cuya respuesta no depende de ningún microbio.

  • ¿Es una casualidad que durante la pandemia los más ricos del mundo hayan duplicado sus fortunas y que el valor de las bolsas mundiales haya pasado de 60 billones a principios de 2020 a 121 billones a finales de 2021?.
  • ¿Tienen algo que ver las medidas de confinamiento y la consiguiente disminución de la actividad económica con la ruina masiva de la pequeña y mediana empresa y la consiguiente destrucción de puestos de trabajo? ¿Está todo ello relacionado con los descomunales beneficios de las empresas tecnológicas Google, Apple, Facebook, Amazon y Microsoft, las GAFAM, impulsores de la digitalización y de las ventas por Internet?
  • ¿Qué justificación tienen medidas represivas para imponer el confinamiento como ocupar con el ejército ciudades y pueblos, las ruedas de prensa con los jefes de la policía, la guardia civil, y el ejército, la disolución del Parlamento, suspender derechos fundamentales como el de manifestación o perseguir, detener y multar a la juventud de los barrios obreros, todo ello para acabar con una pandemia?
  • ¿No fue inducido el pánico generalizado como resultado de terribles imágenes, reproducidas masivamente por los medios, de las muertes en las residencias de mayores, debidas al abandono más cruel y a la negación sistemática de asistencia sanitaria a quienes no tenían seguros privados, decididas precisamente desde los gobiernos? ¿Es casual que juzgados y todas las fuerzas políticas de los parlamentos se estén negando a investigar los crímenes cometidos?
  • Si es que los gobiernos estaban preocupados por nuestra salud, ¿por qué se confinó a personas enfermas con la población sana en sus casas cuando en los domicilios de la clase obrera el hacinamiento es la regla? ¿Por qué no se hizo nada por mejorar el transporte público, que incluso se redujo, en el que nos aglomeramos quienes vamos a trabajar? ¿Por qué se permitió que la sanidad pública, continuara su desmantelamiento, destinando el dinero extra exclusivamente a empresas privadas?
  • ¿Por qué se negó el tratamiento con medicamentos existentes, baratos y eficaces, dejando como única opción vacunas fabricadas por grandes emporios farmacéuticos, con técnicas desconocidas anteriormente, tras fases de experimentación de pocos meses, cuando en otras vacunas se han requerido varios años, y cuya eficacia y seguridad, por tanto, no estaba demostrada?
  • ¿Cómo se puede explicar la censura y denigración sistemática de todos aquellos científicos reconocidos, calificándoles de «negacionistas» y «antivacunas», que cuestionaban el discurso oficial impuesto a escala mundial por organismos como la OMS, la Agencia Europea del medicamento (EMA) o la Food and Drug Administration (FDA) de EEUU? ¿Tiene algo que ver que todas ellas estén financiadas mayoritariamente por las grandes multinacionales farmacéuticas?
  • ¿Por qué, incumpliendo la legislación vigente, están administrando las vacunas sin la necesaria prescripción médica y, sobre todo, sin información previa de los efectos adversos? ¿Cómo se explica que, ante una enfermedad desconocida se haya prohibido la realización de autopsias y no se informe a la población de los miles de muertos (34.337 en la UE en diciembre de 2021) relacionados con las vacunas y del millón y medio de efectos adversos graves, también en la UE?
  • ¿Es casual que se haya producido un debilitamiento de las organizaciones populares y de clase, que se haya dado lugar a un enfrentamiento entre personas vacunadas y no vacunadas y que el miedo haya dado lugar a que sectores de la población se comporten como policías ante sus familiares y vecinos?
  • ¿Cómo es posible que, ante la imposición de medidas como el «pase Covid», el toque de queda, la prohibición del derecho de reunión, etc., en flagrante vulneración de Derechos Fundamentales, no haya habido una respuesta de las organizaciones políticas y sindicales, que – en teoría – representan los intereses de la clase trabajadora?
  • Finalmente, ¿por qué se oculta que esta pandemia – como todas a lo largo de la historia – la ha sufrido sobre todo la clase obrera, la población más pobre? Los pocos datos publicados son abrumadores. La mortalidad masiva en las residencias de mayores se ha producido en las instituciones que albergaban a los más pobres y la pérdida de esperanza de vida se ha triplicado en los barrios obreros con respecto a los barrios ricos. En la clase obrera se acumulan todos los «factores de riesgo»: hacinamiento en viviendas, mala ventilación, dificultades para calentarse, aglomeraciones en transportes públicos, mala alimentación o extenuantes jornadas de trabajo. En resumen, la clase obrera paga con sus muertos las situaciones de epidemia y las crisis económicas.

Todas estas preguntas, acerca de medidas adoptadas con el pretexto de la pandemia Covid, que curiosamente son las mismas impuestas por la mayoría de los gobiernos del mundo, carecen de justificación sanitaria, a preocupaciones por nuestra salud. No han obedecido a razones técnico-epidemiológicas, sino a razones políticas.

¿Cuales han sido esas razones?

Séneca o Lenin nos recomiendan que para identificar a los responsables de un crimen, busquemos entre quienes se benefician de él.

Siguiendo su consejo podemos llegar a las siguientes conclusiones:

1º. La oligarquía económica mundial, como ellos mismos han manifestado en su cónclave máximo – el Foro de Davos – ha decidido que es necesario «resetear», reconfigurar un capitalismo que a escala mundial se desmoronaba. Su receta es siempre la misma: ganar cuotas de mercado e incrementar la explotación, neutralizando la capacidad de respuesta de la clase obrera.

2º. Para conseguir ese objetivo general cuentan con una concentración y centralización del poder económico y mediático, a escala mundial y en cada país, como nunca antes lo habían tenido. Los grandes Fondos de Inversión – Black Rock, Vanguard y State Street – controlan la inmensa mayoría de las grandes empresas – incluidas las grandes farmacéuticas y los medios de comunicación.

3º. Su gran capacidad de corrupción de élites políticas y sanitarias ha conseguido imponer un discurso único en el que las medidas adoptadas ante la pandemia Covid, han servido tanto para obtener inmensos beneficios – destruyendo una parte importante del tejido productivo – como para conseguir debilitar la capacidad de organización y de lucha de la clase obrera.

4ª. Una buena parte de sus ganancias las obtienen no solamente de la explotación de la clase obrera, sino además del dinero público, es decir, del que pagamos con nuestro impuestos las trabajadoras y los trabajadores. Los Fondos «Next Generation» de la UE, que pagaremos como Deuda, están yendo a parar a los bancos y a las grandes multinacionales.

5º. Lo más importante de todo, como decían en el mismo Foro de Davos, es que han conseguido – mediante el miedo, la censura y el soborno -, debilitar nuestra capacidad de respuesta ante la gran ofensiva de clase que se proponen.

Ante todo este devastador proyecto del gran capital es necesario que la clase obrera emprenda su propio»Gran Reinicio».

Necesitamos, en primer lugar, ser conscientes de la gran agresión del capital que está en marcha y explicarla con la mayor claridad posible a nuestra clase, sobre todo a la juventud obrera que, por un lado es la que va a sufrir con mayor violencia la dictadura de la burguesía, y por otro lado a la que corresponde levantar la resistencia y la ofensiva.

En segundo lugar, saber que nuestro «Gran Reinicio» no puede erigirse sobre organizaciones sobornadas, ni sobre formas de lucha de otros tiempos. La represión en auge, exige la búsqueda de formas organizativas nuevas, que nos permitan ser eficaces a pesar de la misma.

Finalmente, como siempre en la larga lucha de la clase obrera, necesitamos reanudar el hilo rojo que nos permita aprender lo mejor de la lucha de generaciones anteriores, incorporar la fuerza y la experiencia de quienes nos han precedido. Sólo así seremos capaces, hoy más que nunca, de destruir un sistema que no nos plantea otro futuro que la aniquilación de nuestra dignidad como clase y como seres humanos, y construir una sociedad que sitúe al desarrollo de las personas en el centro de sus objetivos, es decir, del socialismo.