1º de mayo de 2022

Coordinación de Núcleos Comunistas (CNC)

La clase obrera se enfrenta hoy a la situación más dramática que haya vivido desde la posguerra.

Las conquistas arrancadas con la lucha que costaron la vida, años de cárcel y torturas a la juventud obrera, y que constituyen una parte esencial de la lucha histórica e internacional de la clase trabajadora que conmemoramos el 1º de mayo, nos están siendo arrebatadas.

La oligarquía imperialista, ante la crisis general más profunda de su historia del modo de producción capitalista, ha decidido que su única salida es la destrucción masiva de empresas no competitivas y la guerra.

A la precarización brutal y progresiva de las condiciones laborales, impuestas por las sucesivas reformas, se suma la degradación y privatización de los servicios públicos y de las pensiones.

Con la complicidad de todos los gobiernos, incluido el autoproclamado «más progresista de la historia», se ha obligado al proletariado, más empobrecido que nunca, a transferir masivamente a la gran burguesía porciones crecientes del valor producido por su fuerza de trabajo. Los más de 60.000 millones de € de dinero público donados a la banca, y que ésta no ha devuelto, son una buena muestra.

Con la información que hoy poseemos, es posible afirmar que la pandemia Covid y la guerra son dos caras de la misma moneda, ambas destinadas a facilitar el «Gran Reinicio» que el Foro Económico Mundial definió como estrategia en el Foro de Davos.

Ante la imposibilidad de resolver los problemas acuciantes que sufre la clase trabajadora y sectores crecientes de la pequeña burguesía – agravados por la destrucción masiva de empresas que provocó la gestión de la pandemia y que se intensifica con la guerra – su plan se fundamenta en el miedo, la represión y la militarización. El objetivo es asegurar la acumulación y centralización de la riqueza en cada vez menos manos e impedir que las previsibles explosiones populares amenacen su poder.

Su plan es lo que llaman la «gobernanza global».  Lo que pretenden es que, al mando de las élites de poder económico y político, se lleve a cabo la centralización de los sistemas económicos, monetarios, tecnológicos, médicos, genómicos, ambientales, militares y de gobierno. En ese camino de control poblacional, juega un papel decisivo la instauración de pasaportes médicos digitalizados, que incluyan la historia clínica y la composición genética. Uno de sus más importantes instrumentos de control, ya en marcha en la UE, es hacer de la OMS – financiada por la industria farmacéutica y corrompida hasta la médula – la Autoridad Sanitaria Mundial; sus medidas serán vinculantes para todos los gobiernos.

Como ellos mismos han indicado, la experiencia de la pandemia Covid muestra que, con las dosis adecuadas de miedo, censura y manipulación informativa, y con la complicidad de todas las fuerzas políticas en su aplicación, las poblaciones podrán soportar medidas que sólo podrían aceptar en situación de guerra. Esta constatación ha llevado al Foro de Davos a plantear la aceleración de la “Agenda 20 – 30”- cuya implementación en el Estado español recae en la Vicepresidencia del Gobierno adjudicada al secretario general del PCE, Enrique Santiago. Según afirman cínicamente, en el futuro que nos preparan, «no tendremos nada pero seremos felices».

Hoy sabemos por la documentación encontrada en Ucrania por el ejército ruso, que la pandemia Covid y todas las que se han producido en los últimos años ( Ébola, Gripe A, Peste Porcina, Tularemia, etc.), se han producido y difundido por los múltiples laboratorios de armas biológicas financiados y desarrollados por EE.UU y la UE. Hemos conocido cómo a través de las aves, digitalizadas y provistas de cápsulas, han diseñado su expansión a los países diana. Por si lo habíamos olvidado, sus objetivos no se detienen ante consideración moral alguna.

La operación militar de Rusia en una Ucrania, cuyo Estado está controlado por las mismas organizaciones fascistas que ejecutaron el Golpe de Estado de 2014 apoyado por la UE y EEUU, y que desde entonces ha masacrado a las Repúblicas Populares de Donetsk y Lugansk, no ha hecho sino actuar preventivamente ante el ataque a Rusia que la OTAN lleva décadas preparando.

El Gobierno del PSOE-Unidas Podemos, como el resto de los de la UE, se ha arrodillado ante los planes de EEUU que, entre otros objetivos, ha conseguido cancelar la llegada de gas desde Rusia para obligarles a comprárselo a ellos, a EE.UU, un 40% más caro y de peor calidad.El «gobierno progresista», además de traicionar al pueblo saharaui, ha motivado que aumenten los precios del gas procedente de Argelia e incluso se cancele su envío a medio plazo.

Las sanciones contra Rusia, diseñadas por EE.UU e implementadas por la UE, que tienen por objetivo cortar de raíz toda relación económica de la UE con Rusia, están cayendo como una losa sobre la clase obrera y los sectores populares de Europa y de todo el mundo. Así mismo, la cancelación de exportaciones a Rusia o de importaciones de productos de ese país está hundiendo a multitud de empresas con el correspondiente despido de sus trabajadores y trabajadoras.

Esta situación, que se suma al insoportable encarecimiento de la energía que ya llevaba tiempo produciéndose, está ocasionando una gran carestía de productos de primera necesidad que coloca a millones de familias trabajadoras ante una situación intolerable. A ello se une el incremento de gastos militares, gastos que obviamente se detraen de  presupuestos sociales y que se destinan a armar a las organizaciones fascistas de Ucrania.

La clase obrera consciente no puede seguir mirando hacia otro lado.

Ante el futuro que tenemos por delante, que destruye las condiciones de vida de millones de personas, es preciso que la clase obrera reaccione y tome las riendas. Es necesario que identifique como instrumentos de la oligarquía a unos medios de comunicación que difunden propaganda de guerra, y que denuncie a unas fuerzas políticas que,  sin excepción, apoyan o son cómplices pasivos de organizaciones fascistas. El aplauso unánime del Congreso a un nazi como Zelenski es una señal inequívoca. Ante ello, el discurso de Unidas Podemos que, ante su sometimiento a los intereses del capitalismo y del imperialismo, no tiene más recurso que la amenaza de “¡Que viene Vox!”, es un sarcasmo indecente.

Sólo la clase obrera es capaz de enfrentar la barbarie que han diseñado y que tenemos ante nuestros ojos. Los trabajadores del aeropuerto de Pisa negándose a cargar armas en los aviones, los del puerto de Génova rehusando albergar armas en sus instalaciones o los estibadores griegos impidiendo el envío de armas a Ucrania, muestran el camino. En Italia el sindicato USB ha convocado una huelga general contra la carestía de la vida y el aumento de los gastos militares.

El capital no puede hacer nada sin los trabajadores y las trabajadoras. El imperialismo y el fascismo, productos directos del capitalismo, constituyen la forma concreta con que el capitalismo en crisis pretende dominar a la clase obrera.  

La Coordinación de Núcleos Comunistas  llama a las organizaciones de clase y a los movimientos populares a hacer frente a la militarización y al miedo con el que pretenden paralizarnos. Es preciso desvelar que el paro, la precariedad, el desmantelamiento de los servicios públicos y las pensiones y la carestía de la vida o las pandemias que ellos mismos provocan son, junto al miedo, la represión y los gastos militares, instrumentos de la misma guerra social contra la clase obrera con la que el imperialismo prepara la próxima conflagración militar.

Es la hora de la clase obrera. Sólo la clase trabajadora es capaz de comprender la unidad esencial de los intereses criminales del capital y actuar en consecuencia. La lucha es el único camino.

Hoy más que nunca, el lema es: Socialismo o barbarie. 

1º de mayo de 2022